Talleres de escritura creativa en las regiones: Oportunidad para el desarrollo entendido como bienestar

Por: Martha Fajardo Valbuena*

Por: Martha Fajardo Valbuena*

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Al hablar de programas de escritura creativa dirigidos a las comunidades es necesario comprender que los planes y acciones encaminados a ello deben estar cruzados por una mirada compleja, tanto del desarrollo como del ser humano y sus necesidades. Las políticas públicas culturales requieren de una gran claridad en cuanto a cuál es el rol de las oficinas estatales encargadas del tema. También implica una reflexión, desde la perspectiva de los derechos culturales, que incluye temas como identidad, memoria, educación, formación artística, acceso, disfrute de bienes y servicios culturales.

En el caso específico de la promoción de la lectura y la escritura, como elementos de bienestar social, el trabajo en nuestro país es incipiente y aún no cuenta con una lógica que permita, abordar el tema, medir el impacto y formular políticas concretas que permanezcan y que permitan establecer un norte para las acciones que se lleven a cabo en esta área. Leer y escribir no son acciones que gocen de popularidad y además existe una concepción de la lectura y la escritura como actividades para unos pocos privilegiados o para las élites. El concepto de escritura creativa se asocia más al talento y no a la posibilidad de formación en el sentido de un artesanado del estilo, de una posibilidad de aprender a ser y a escribir. Desde esta perspectiva todos los programas y apoyos a los mismos son pioneros y merecen especial atención.

Básicamente, la razón de ser de los talleres de escritura creativa está justificada en el derecho que todo ser humano tiene al acceso a sus derechos culturales. Este acceso no se limita al rol de espectador. La convención de Friburgo (1998) es clara en determinar que un individuo merece la oportunidad de ser creador, de proponer él mismo sobre la elaboración artística y cultural de acuerdo con sus capacidades, necesidades y preferencias y debe tener un entorno que le brinde las oportunidades para desarrollar al máximo sus habilidades.

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Sin embargo, el asunto de la acción y efecto cultural de los talleres de creación literaria y no se agota allí. Desde el punto de vista del bienestar de las comunidades los talleres cumplen múltiples y complejos roles y estos justifican los apoyos económicos, de infraestructura y demás que proveen las diferentes oficinas estatales. Comentaremos algunos a continuación.

1. Generación de identidad social e individual. Los países y las regiones no existen como tales hasta que no comienza a escribirse su historia. Esta historia está compuesta de la parte oficial y la parte no oficial. La literatura se encarga de narrar lo cotidiano, lo imperceptible y allí reside la esencia de los seres humanos. Escribir literatura implica construir el acervo de los pueblos en tanto que estos son la suma de las individualidades. En este sentido, el acervo cultural de las regiones depende de brindar oportunidades para la formación de escritores que contribuyan a la generación de la memoria.

2. La escritura, cualquiera que ella sea, tiene un aspecto tecnológico, esto quiere decir que no nacemos con saber escritural y que, por tanto, se necesita de una preparación ya que la escritura es una tecnología de la mente. “la escritura creativa es un trabajo artesanal, de trato, de lucha con las palabras.  En definitiva escribir es un trabajo, en el sentido de que comporta un esfuerzo” (Vásquez, 2008, 548). Esto implica que hay una obligación, por parte de las políticas culturales de abrir espacios para la formación de los escritores. Durante mucho tiempo se pensó que el escritor era un inspirado, sin embargo, esta idea ha cambiado y cada día se abren nuevos espacios para la formación de escritores. Esta formación implica un contacto amplio con la tradición literaria nacional, mundial y local y, por supuesto, la formación del escritor en ciernes como un lector experto. También se infiere de lo anterior que los programas de formación en escritura creativa deben dirigirse a personas de todas las edades y condiciones ya que el saber de escritura básica impartido en la escuela no es suficiente.

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3. En nuestro país existe una organización centralista que es necesario contrarrestar con acciones locales. La circulación de textos literarios tiene un complejo entramado que pasa por diversos filtros. En el caso de países como el nuestro las oportunidades de las personas que nacen en provincia es menor con respecto a aquellas que nacen en grandes urbes. El Ministerio de Cultura intenta contrarrestar esta inequidad con programas que estimulen la creación artística en las regiones y que garanticen las oportunidades de los noveles escritores. Estos programas deben ser apoyados por los organismos locales pues esto permite al Ministerio reconocer proyectos serios y a personas con talento que merezcan más apoyo económico y estímulos a la creación.

4. Los programas locales de fomento a la lectura y la escritura necesitan de personas formadas que sean promotoras de la lectura y la escritura en sus propias comunidades. Los talleres de escritura creativa forman escritores y lectores y permiten la circulación de textos escritos por personas cercanas. En este sentido, se genera un grupo de sujetos con los que se puede contar a la hora de diseñar, promover y ejecutar programas de promoción de la lectura creativa y recreativa. Las comunidades son muy sensibles a identificarse con escritores de su región con los que pueden establecer diálogos. Saber y ver que hay personas de su entorno que escriben hace posible que ellos mismos crean que pueden ser sujetos escritores y lectores.

5. Los talleres de escritura creativa cobijan múltiples públicos con diversos intereses sobre la escritura que abarcan desde intereses profesionales hasta uso creativo del tiempo libre. Esto implica que los talleres son espacios de salud mental. Existen poblaciones que se benefician del taller de escritura creativa porque este les abre oportunidades de expresión, en tanto que la escritura permite una reconstrucción de la interioridad psíquica. En los últimos años se ha explorado mucho en los beneficios terapéuticos de la narratividad, entendida como la capacidad para narrar aquello que nos pasa, aquello que nos duele o conmueve. Escribir implica una disociación del Yo y por tanto una posibilidad de mirarnos en perspectiva a nosotros mismos y a los demás.

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Estas son sólo cinco razones que nos permiten comprender que la escritura creativa, más que un proceso individual, es una actividad de repercusión social que genera bienestar en las comunidades que la apoyan y que permite a los individuos realizarse de acuerdo a sus sueños y aspiraciones.

*Martha Fajardo Valbuena. Licenciada en Español de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Estudios en Crítica Literaria en al Universidad Nacional de Colombia. Especialista en enseñanza de la literatura Universidad del Quindío. Especialista en Docencia Universitaria, Universidad de la Habana. Candidata a Magíster en Educación y desarrollo humano Universidad de Manizales. Profesora de la Facultad de Humanidades, Ciencias sociales y Artes integradas de la Universidad de Ibagué. Directora del taller de escritura creativa RELATA-LIBERATURA. Ibagué.